En la última semana he tenido un poco de estreñimiento de ideas, el final del verano con una nevera vacía que no motivaba mucho, el calor, un poco de apatía a la hora de cocinar, en esos momentos siempre me suelo acordar de una frase de Picasso, “cuando baje la inspiración que me pille trabajando” y eso es lo que hice, me compré un precioso solomillo de cerdo.
Disfruto mucho comprando un ingrediente y empezar a darle vueltas, investigué en la blogosfera y finalmente me decanté por una receta que me encontré en la Gran Enciclopedia de la Cocina, un coleccionable del ABC de hace muchos años y la modifiqué un poco.
Ingredientes:
- 1 solomillo para cada dos personas.
- Unas lonchas de jamón serrano y un poco de su tocino.
- Aceite de oliva.
- Tomillo.
- Romero.
- Jugo de trufa o una trufa (opcional)
- Unas trompetas de la muerte deshidratadas.
- 1 vaso de jerez de los de vino o dos copitas pequeñas.
- Sal.
- Pimienta.
- Precalentamos el horno.
- El solomillo de cerdo en una fuente para horno lo rodeamos con lonchas de jamón serrano y el tocino, lo salpimentamos y lo rociamos aceite.
- Añadimos un par de ramas de tomillo y una de romero y metemos la fuente en el horno durante unos 60 minutos a 180º.
- A mitad de tiempo, unos 30 minutos giramos la carne y la rociamos con el jerez y el jugo de la trufa, añadimos también las trompetas de la muerte.
- Vamos rociando la carne cada 10 minutos y pinchándola, estará lista cuando el jugo que salga sea transparente.

